Art. 0013 Rev. 1815

Fase de latencia

Contenido
  1. El perejil gigante
  2. Tiempo de residencia y presión de propágulos
  3. Deuda de invasión
  4. Véase también
  5. Referencias

Este artículo trata de las invasiones biológicas. Para la fase de latencia de un cultivo bacteriano, véase Crecimiento bacteriano. Para los años lentos antes de un auge, véase Ciclo económico.

En biología de las invasiones, una fase de latencia es el período entre la llegada de una especie a una nueva región y el comienzo de su propagación rápida. Una planta introducida puede persistir décadas en los jardines, o en un puñado de sitios en estado silvestre, antes de estallar.1 Cierto retraso es inevitable, ya que una población que crece de forma exponencial parece insignificante al principio. Pero muchas fases de latencia duran mucho más de lo que el crecimiento por sí solo explicaría, y solo terminan cuando cambia algo, ya sea en la especie invasora o en su entorno.1

Las fases de latencia son comunes pero no universales: de 63 plantas exóticas estudiadas en la República Checa, alrededor de un tercio mostró una.2 El perejil gigante es uno de los ejemplos mejor documentados, aunque cuánto duró su fase de latencia, y cuándo terminó, dependen de cómo se mida.3

Fig. 1 Evolución de una invasión

Las tres fases de una invasión, de forma esquemática. Estudios de plantas exóticas en Gran Bretaña, Irlanda y la República Checa hallaron fases de latencia en cerca de un tercio de las especies, e «inflexiones» en muchas, cuando ya no quedaba dónde propagarse.2

El perejil gigante

Llegada

El perejil gigante aparece en la lista de semillas del Real Jardín Botánico de Kew en 1817, y se registró por primera vez en estado silvestre en 1828. De diecinueve países europeos con registros históricos, catorce tuvieron el primero antes de 1900.4 La propagación por el continente fue lenta: la mitad de los países finalmente invadidos no se alcanzó hasta pasados 62 años. Dentro de la República Checa, ese mismo punto se alcanzó en 16 años, y en sitios concretos, en 22.5

La propia fecha de su llegada a las tierras checas se ha revisado. Durante décadas se dijo que la planta se había plantado en el jardín del castillo de Lázně Kynžvart en 1862. En 2020 se demostró que el registro era una mala lectura: la planta incluida en una flora de Marienbad de 1862 era una forma del pie de oso nativo. El ejemplar más antiguo conocido es ahora uno recolectado en el balneario de Teplice en 1871 por Lajos Haynald, arzobispo de Kalocsa, y la primera planta escapada se encontró cerca de Mariánské Lázně en 1877.6

Una historia contada en fuentes checas y alemanas cuenta que el zar Alejandro I regaló las semillas al príncipe Metternich, propietario de Kynžvart, en el Congreso de Viena de 1815, en uno de los jarrones de malaquita que aún se conservan en el castillo. No se ha hallado ninguna fuente primaria de ella, y el castellano no conocía ninguna. Las guías turísticas que mencionan a Alejandro II se equivocan con toda seguridad: no se convirtió en zar hasta 1855, cuatro años antes de que muriera Metternich.6

Duración de la latencia

Las estimaciones de la latencia checa varían según el método:

  • una latencia de varias décadas antes de la propagación exponencial;7
  • una latencia de 80 años que termina en la década de 1940, una cifra que cuenta desde la fecha de 1862, hoy desacreditada;8
  • de 60 a 70 años desde el primer registro fuera de cultivo hasta el comienzo de la propagación exponencial, en 1936 o 1943 según los datos;3
  • un aumento rápido del número de cuadrículas ocupadas solo después de la década de 1970.5

En Alemania, las primeras fugas datan de mediados del siglo XIX, y la propagación exponencial de alrededor de la década de 1960.9

Lo que puso fin a la latencia parece haber sido el paisaje, más que la planta. Las poblaciones europeas y caucásicas difieren poco genéticamente, y los autores de los estudios checos concluyen que la adaptación a una nueva región no fue el cuello de botella; la propagación comenzó en la segunda mitad del siglo XX, con los cambios del paisaje como principal desencadenante.3

Ritmo de propagación

Una vez en marcha, la invasión avanzó a un ritmo exponencial constante. Entre 1971 y 1995, el número de cuadrículas ocupadas por el perejil gigante en la República Checa se duplicó cada 9,2 años, un ritmo medio entre las plantas exóticas del país.32 Otros análisis hallaron tiempos de duplicación de 13 a 14 años tanto para el número de localidades como para el número de cuadrículas y el área invadida en sitios concretos: la planta se propagó por todo el país al mismo ritmo que dentro de un solo valle.3 Duplicarse cada 13 a 14 años equivale a un crecimiento compuesto de alrededor del 5 % anual.

A escala local, fotografías aéreas de diez sitios del oeste de Bohemia tomadas entre 1947 y 2000 muestran a la planta avanzando en promedio 10,8 m, y ocupando otros 1261 m², cada año. Los pastos y los campos concentraban el 84,7 % de su cobertura.10 Desde su primer registro hasta su mayor extensión, las matas crecieron en promedio unas 27 veces.3

A medida que se propagaba, la planta cambió de hábitat. Abandonó primero los parques y jardines por los ríos y por hábitats lineales como carreteras y vías férreas, en las décadas de 1930 y 1940, y desde los años setenta se trasladó a las ciudades. A mediados de los noventa, los sitios urbanos y lineales representaban cerca de las tres quintas partes de sus registros.3 También descendió en altitud: la proporción de localidades por encima de los 600 m cayó del 28,5 % a comienzos de los setenta al 14,7 % en 1990.3

Tiempo de residencia y presión de propágulos

Dos magnitudes ayudan a predecir si una especie introducida se propagará. El tiempo de residencia es el tiempo transcurrido desde su introducción: cuanto más tiempo lleva presente una planta, más extendida suele estar. En las floras exóticas de las Azores, la República Checa, las islas Hawái y Nueva Zelanda, el tiempo mínimo de residencia de una especie explicaba entre el 4 y el 40 % de la variación de su área, y el efecto todavía puede detectarse en plantas introducidas hace miles de años.11 La presión de propágulos es el número de individuos introducidos y el número de ocasiones en que llegan.12

En el perejil gigante, ambas fueron altas. La planta se propagó por Europa mediante el intercambio de semilla entre jardines botánicos y privados, y dentro de cada país de jardín en jardín.13 En la Alemania del siglo XX también se propagó como planta melífera.14 En su área nativa, cuanto más distantes están dos poblaciones, más diferentes son genéticamente; en Europa no existe tal relación, la marca de una planta transportada por las personas.15 Simulaciones ajustadas a cincuenta años de fotografías aéreas muestran que entre el 0,1 y el 7,5 % de la semilla debe viajar más allá de los pocos metros habituales para explicar la propagación observada.16

Deuda de invasión

Muchas de las especies exóticas más problemáticas de Europa llegaron hace décadas. En diez grupos de organismos de 28 países europeos, el número de especies exóticas establecidas hoy está más estrechamente relacionado con los indicadores de actividad socioeconómica de 1900 que con los de 2000. Los autores del estudio llaman a esto una deuda de invasión: las consecuencias de los actuales niveles altos de actividad económica probablemente no se manifiesten del todo hasta dentro de varias décadas.17

Para la gestión, la lección de la fase de latencia es la cautela. Como las invasiones pueden estancarse durante décadas y luego acelerarse, se ha argumentado que toda especie invasora debe presuponerse capaz de causar daño, y que los largos períodos de comportamiento aparentemente estable son malos indicadores de lo que hará a continuación.1

Véase también

Footnotes

  1. Crooks, J. A. (2005). “Lag times and exotic species: the ecology and management of biological invasions in slow-motion”. Écoscience. 12 (3): 316–329. doi:10.2980/i1195-6860-12-3-316.1. ↩ ↩2 ↩3

  2. Williamson, M.; Pyšek, P.; Jarošík, V.; Prach, K. (2005). “On the rates and patterns of spread of alien plants in the Czech Republic, Britain, and Ireland”. Écoscience. 12 (3): 424–433. doi:10.2980/i1195-6860-12-3-424.1. ↩ ↩2 ↩3

  3. Pyšek, P.; Müllerová, J.; Jarošík, V. (2007). “Historical dynamics of Heracleum mantegazzianum invasion at regional and local scales”. In Pyšek, P.; et al. (eds.). Ecology and Management of Giant Hogweed. Wallingford: CAB International. pp. 42–54. doi:10.1079/9781845932060.0042. ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8

  4. Nielsen, C.; Ravn, H. P.; Nentwig, W.; Wade, M., eds. (2005). The Giant Hogweed Best Practice Manual: Guidelines for the management and control of an invasive weed in Europe. Hørsholm: Forest & Landscape Denmark. ISBN 87-7903-209-5. ↩

  5. Pyšek, P.; Jarošík, V.; Müllerová, J.; Pergl, J.; Wild, J. (2008). “Comparing the rate of invasion by Heracleum mantegazzianum at continental, regional, and local scales”. Diversity and Distributions. 14 (2): 355–363. doi:10.1111/j.1472-4642.2007.00431.x. ↩ ↩2

  6. Danihelka, J.; Somlyay, L.; Pyšek, P. (2020). “Nejstarší nálezy bolševníku velkolepého (Heracleum mantegazzianum) v Čechách” [Earliest records of Heracleum mantegazzianum in Bohemia]. Zprávy České botanické společnosti. 55: 197–205. ↩ ↩2

  7. Pyšek, P. (1991). “Heracleum mantegazzianum in the Czech Republic: dynamics of spreading from the historical perspective”. Folia Geobotanica et Phytotaxonomica. 26 (4): 439–454. doi:10.1007/BF02912779. ↩

  8. Pergl, J.; Perglová, I.; Pyšek, P.; Dietz, H. (2006). “Population age structure and reproductive behavior of the monocarpic perennial Heracleum mantegazzianum (Apiaceae) in its native and invaded distribution ranges”. American Journal of Botany. 93 (7): 1018–1028. doi:10.3732/ajb.93.7.1018. ↩

  9. Ochsmann, J. (1996). “Heracleum mantegazzianum Sommier & Levier (Apiaceae) in Deutschland. Untersuchungen zur Biologie, Verbreitung, Morphologie und Taxonomie”. Feddes Repertorium. 107 (7–8): 557–595. doi:10.1002/fedr.19961070701. ↩

  10. Müllerová, J.; Pyšek, P.; Jarošík, V.; Pergl, J. (2005). “Aerial photographs as a tool for assessing the regional dynamics of the invasive plant species Heracleum mantegazzianum”. Journal of Applied Ecology. 42 (6): 1042–1053. doi:10.1111/j.1365-2664.2005.01092.x. ↩

  11. Pyšek, P.; Jarošík, V. (2005). “Residence time determines the distribution of alien plants”. In Inderjit (ed.). Invasive Plants: Ecological and Agricultural Aspects. Basel: Birkhäuser. pp. 77–96. doi:10.1007/3-7643-7380-6_5. ↩

  12. Lockwood, J. L.; Cassey, P.; Blackburn, T. (2005). “The role of propagule pressure in explaining species invasions”. Trends in Ecology & Evolution. 20 (5): 223–228. doi:10.1016/j.tree.2005.02.004. ↩

  13. European Commission, CORDIS. “Giant hogweed (Heracleum mantegazzianum) a pernicious invasive weed: developing a sustainable strategy for alien invasive plant management in Europe”. Project EVK2-CT-2001-00128. Retrieved 26 September 2026. ↩

  14. Thiele, J. (2007). Patterns and processes of Heracleum mantegazzianum invasion into German cultural landscapes on the local, landscape and regional scale. Doctoral dissertation. Giessen: Justus-Liebig-Universität. ↩

  15. Jahodová, Š.; Trybush, S.; Pyšek, P.; Wade, M.; Karp, A. (2007). “Invasive species of Heracleum in Europe: an insight into genetic relationships and invasion history”. Diversity and Distributions. 13 (1): 99–114. doi:10.1111/j.1366-9516.2006.00305.x. ↩

  16. Pergl, J.; Müllerová, J.; Perglová, I.; Herben, T.; Pyšek, P. (2011). “The role of long-distance seed dispersal in the local population dynamics of an invasive plant species”. Diversity and Distributions. 17 (4): 725–738. doi:10.1111/j.1472-4642.2011.00771.x. ↩

  17. Essl, F.; Dullinger, S.; Rabitsch, W.; et al. (2011). “Socioeconomic legacy yields an invasion debt”. Proceedings of the National Academy of Sciences. 108 (1): 203–207. doi:10.1073/pnas.1011728108. ↩

Este artículo es una traducción del artículo en inglés, revisión 1815.

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